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Transformación Digital y Sostenibilidad: código rojo

Hoy nos ponemos un poco más serios de lo habitual. Con la reciente publicación del estudio del IPPC sobre la irreversibilidad del cambio climático, ese “código rojo” sobre la situación del planeta que la ONU ha definido tan bien (las palabras siempre son el fuerte de esta organización, algún día ojalá lo sean los hechos), queremos relacionar transformación digital y sostenibilidad, algo que no siempre se tiene en cuenta. 

Hemos estado mucho tiempo hablando de transformación digital, de sostenibilidad y del entorno VUCA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) en el que nos desenvolvemos como si fueran predicciones a largo plazo, tendencias de conversación o artículos para rellenar contenido en Internet y en conferencias. Mientras las empresas pensábamos que era algo que tardaría en llegar o que se podía gestionar con itinerarios laxos, los clientes ya llevaban tiempo dándolo por hecho, exigiendo esa transformación, esa adaptación y ese compromiso con el medioambiente. Cuando nuestro cliente hablaba nosotros no escuchábamos -a qué nos suena…-. 

El COVID-19 ha sido ese entorno VUCA elevado a la enésima potencia que ha desestabilizado todos los sistemas y ha provocado que se revisen todos los paradigmas anteriores, tanto el que argüía cómo transformarnos para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como el que explicaba cómo enfrentar los entornos VUCA. Vale, pues hemos tenido una lección magistral: la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad la hemos sentido en nuestras propias carnes y en nuestros propios negocios. Debemos de comprender que nos moveremos siempre en ese ámbito, por lo que hay que estar preparados, porque el desafío del COVID-19 no es nada comparable al desafío que supone este “código rojo”.  

En MIG Embryonic creemos firmemente que una transformación digital completa tiene en cuenta el impacto en el medio ambiente y en el bienestar social. No hay transformación si no es útil a los stakeholders de la organización y contribuye a minimizar el impacto en el planeta. Concebirlo desde este prisma implica actuar desde el corazón de la organización (cultura, propósito, personas e infraestructura), pasando por los capilares (adaptar y transformar estrategias y procesos de trabajo), y terminando en la piel (conectar con nuestros clientes y otros grupos de interés para conocerlos mejor y, sobre todo, para escuchar y atender qué esperan de nosotros). 

La sostenibilidad y la transformación digital son aliados indispensables para impulsar modelos de negocio más competitivos que pongan en el centro tanto la innovación y la preservación del medio ambiente como el cliente.  

¿Razones? El 79% de los consumidores está cambiando sus preferencias de compra basándose en estándares de sostenibilidad. Más de la mitad de los consumidores afirman que tienen una conexión emocional con productos o empresas que perciben como sostenibles y el 64% asegura que comprar productos sostenibles les hace sentirse contentos con sus adquisiciones (cuota que llega hasta el 72% en el grupo de edad de entre 25 y 35 años). Esto supone también que los consumidores concienciados son más fieles. Un 77% de las compañías encuestadas por Capgemini manifiesta que la sostenibilidad aumenta la fidelidad, y el 63% expresa que crece el beneficio generado por la marca. 

No reconocer el peso que la sostenibilidad acapara en las decisiones de compra pone en juego nada más y nada menos que un 6% de la facturación. 

La consecuencia de todo ello debe ser crear empresas ágiles y flexibles, con mentalidad de startup, empresas que estén en constante análisis y mejora de sus procesos y que sean sostenibles. Dicha sostenibilidad debe abarcar desde las personas (empezando por los líderes), hasta los procesos (los cuáles ayudan a la creatividad, la innovación, la adaptación y la generación de valor constante por parte de las personas), la comunicación hacia la sociedad y la propia tecnología que se vaya a emplear. 

De hecho, según un estudio de Accenture, la migración a la nube puede llegar a suponer hasta un 65% de reducción de consumo energético y una disminución del 84% en las emisiones de CO2. Incluso, con aplicaciones sostenibles, esta rebaja podría llegar a ser hasta del 98%. 

Las empresas tienen un papel fundamental para lograr la consecución de estos objetivos e influir en la sociedad y el planeta. Esto no sólo se consigue a través del propio ejemplo, sino enviando mensajes que calen en la población para hacer del planeta un mundo mejor. 

La conclusión podría resumirse en que tenemos muchos retos por delante y poco tiempo para resolverlos en las empresas, la sociedad y el planeta mediante la unión de todos estos factores. 

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