25 años de nada

Una reflexión sobre lo que significa cumplir 25 años en un sector donde todo cambia y, precisamente por eso, hay que aprender a empezar de nuevo cada día.
Hoy, 20 de mayo de 2026, MIG Prisma cumple 25 años.
Podría empezar este texto diciendo que 25 años son muchos.
Que han pasado 300 meses, más de 1.300 semanas y más de 9.000 días desde aquel primer día.
Y sería verdad. Pero también sería una forma bastante incompleta de contarlo.
Porque cuando uno mira hacia atrás después de 25 años en este sector, la primera sensación no es exactamente la de haber recorrido una línea recta. No es una película ordenada. No es una sucesión limpia de etapas, hitos y conquistas. Es más bien una acumulación de cambios, decisiones, dudas, aprendizajes, errores, intuiciones, giros inesperados y comienzos que no siempre sabías que lo eran.
La creatividad, el marketing y la comunicación nunca han sido un territorio estable, no evoluciona de manera ordenada: muta.
Cambian los canales.
Cambian los códigos.
Cambian las audiencias.
Cambian las herramientas.
Cambian los lenguajes.
Cambian las formas de trabajar.
Cambia incluso la manera en la que las personas prestan atención, confían, compran, opinan, se informan o se relacionan con una marca.
Durante estos 25 años hemos visto nacer, crecer, morir y transformarse formatos, plataformas, tecnologías, tendencias y promesas que parecían definitivas. Hemos aprendido que lo que ayer parecía imprescindible hoy puede ser irrelevante. Y que lo que hoy no entendemos del todo quizá mañana sea una nueva norma.
Por eso, cumplir 25 años no nos hace sentir que tenemos todas las respuestas. Más bien nos confirma lo contrario.
Nos confirma que las respuestas envejecen. Que las fórmulas caducan. Que la repetición es cómoda, pero también peligrosa. Que la experiencia no puede convertirse en una excusa para hacer lo de siempre. Que saber hacer algo no significa necesariamente saber resolver lo que viene después.
La experiencia, cuando sirve de verdad, no es un archivo de soluciones, es una forma de mirar. Sirve para leer mejor los contextos, para hacer mejores preguntas, para desconfiar de las certezas demasiado rápidas, para entender que detrás de cada proyecto hay una complejidad específica. Un problema que no se parece del todo al anterior. Una marca con su historia. Un público con sus contradicciones. Un negocio con sus urgencias. Un momento cultural con sus propias tensiones.
Quizá por eso hemos querido celebrar estos 25 años hablando de la nada.
La nada exige pensar. Exige detenerse. Escuchar. Analizar. Dudar. Decidir. Volver atrás. Cambiar el enfoque. Aceptar que no todo está resuelto. Y, sobre todo, asumir que cada proyecto merece ser tratado como si no supiéramos demasiado, aunque llevemos 25 años aprendiendo. Es probablemente una de las grandes paradojas de esta industria: cuanto más tiempo llevas, más consciente eres de lo poco que conviene dar por hecho.
Por eso, quizá para algunos cumplir 25 años sea una meta. Para nosotros, no es nada.
Porque enfrentarse a la nada es la única manera de atreverse con todo.